Algunos fragmentos del artículo sobre poesía femenina del I Congreso Abierto de Poesía Argentina – 23 al 27 de agosto de 1993:
 
“Los síntomas de Anna aparecieron cuando empezó a hacerse cargo del cuidado de su padre enfermo, debiendo abandonar, por lo tanto, todo lo que significaban para ella sus propios intereses. Ser enfermera de su padre representaba, como diría Virgina Woolf, perder su “cuarto propio”. Por eso quedó afectada precisamente la función que más valoraba de sí, el lenguaje. Con su mutismo expresaba lo mismo que Charlotte Bronté a través de uno de sus personajes de Cumbres Borrascosas: ‘No puedo vivir sin mi vida. No puedo vivir sin mi alma’…”
 
“La sombra y el espejo, símbolos recurrentes en los textos de escritores y poetas, significan, entre otras cosas, la posibilidad que tiene el yo de encontrarse o de perderse de sí. La mujer, que tan habitualmente ocupa un lugar de espejo para el otro, por esta razón corre el riesgo de perder su propia imagen. Tal vez sea por eso que se contemplatanto en el espejo, para buscarse…”
 
“La histérica de Freud, a su modo, también se opone a la colonización de su yo, pero utilizando su cuerpo como vehículo a través del cual simboliza los conflictos. Con su frigidez se resiste a ser usada como objeto sexual, con su parálisis dice que prefiere no transitar un camino que no sea el de su propia vida”.
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