“Mónica me gastaba esas bromas sobre mi virginidad porque no era nada tonta, y sabía ver dentro de mí. Ella sabía entonces, estoy segura, que a mí me gustaban las chicas, y me pinchaba con la esperanza de que algún día yo acabara confesándoselo. Pero la cosa no se reducía a un término tan simple como que a mí me gustaran o no las mujeres. Me gustaba ella. Ella, sólo ella, reconocible en medio de este monstruoso criptograma cuántico que es el universo. Y si hubiera sido un hombre, me habría gustado también”.

Lucía Echevarría. Beatriz y los cuerpos celestes. Ediciones Destino S.A., 2006. (pg 244)
Gracias, Mía! ;)

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