“Cualquier ser singular experimenta en el otro, como mujer u hombre, los límites de una humanidad arrojada a la existencia. Los otros no son sólo desconocidos, con la curiosidad o la inquietud que eso nos produce, sino que aparecen marcados por un modo de ser genérico que les recorre hasta el confín de su condición singular”.

“Así se explica la gradual aparición de un “tercer sexo” técnicamente inducido: por un lado, cercano a la desexuación, a la apatía; por otro, asimilable a una unisexualidad exacerbada. El sexo que apuntó hace ya años en nuestro horizonte está ligado a la androginia de una globalidad impersonal, que solamente puede facilitar la velocidad comunicativa si las personas renuncian a su raíz mítica en el género sexual. ¿La denominación actual de “violencia de género” no alude también, indirectamente, a una violencia intrínseca al género que debería ser eliminada?”

“Los medios técnicos crecientes representan una deseable uniformización de la humanidad fuera de las raíces, en un orden abstracto que permita la autogestión social. La sociedad tecnológica tiene relación directa con la represión de lo”irracional” y la disolución del Dos, la liquidación de la relación entre opuestos, del exterior íntimo que el otro sexo representa”.

“La diferencia entre lo femenino y lo masculino (inclinaciones, morfología, sensibilidad, estilo), que ata el sexo a la génesis abrupta del amor, se difumina así en la rapidez de la actividad social, en las múltiples combinaciones estándar servidas por doquier. En este proceso estorba todo lo que sea una condición natal genérica, pues ésta dificulta la conversión del ser humano en un átomo hiperactivo, en un monoequipo sexual, unidad embalada y lista para el envío a la promiscuidad de la mercancía. Para insularizar al individuo y mantenerlo en el aislamiento consumista, ese circular”rechazo de la castración” que Lacan asocia con el discurso capitalista, es necesario separarlo antes de un erotismo que encarnaba en cada ser la experiencia genérica de los límites”
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“Bajo este punto de vista, la mujer no es lo “contrario” del hombre, dentro de un par de sexos sencillamente opuestos, sino que flota en la soberana indefinición de aquello que no es simplemente humano, mejor dicho, antropocéntrico”
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