No he conseguido recordar ni encontrar el autor o la autora de esta fotografía… Lleva dos años fijada en mi memoria desde que la ví en ARCO 2005. Toda una recarga erótica del rostro del Extasis de Santa Teresa, esculpido por Bernini. La traigo mirando hacia la futura charla que dará Norma en el CEF de Granada el 14 de Junio sobre sexualidad femenina, pensando el concepto de goce en psicoanálisis. Y viene a mi cabeza el testimonio de Santa Teresa de Ávila (tomado del artículo “La mística, un fenómeno singular”, de Jorge Ivan Zapata ,Revista Affectio Societatis):

” Vi que tenia una larga lanza de oro y que de su punta parecía brillar un destello de fuego; me parecía que la hundía varias veces en mi corazón y que penetraba hasta mis entrañas. Cuando la retiraba me parecía que con ella se iban mis entrañas, dejándome abrazada en el gran amor de Dios. El dolor era tan intenso que me hacia gemir, y, sin embargo, la dulzura de este excesivo dolor era tan grande que no podía Desear ser liberada de él.”

Teresa no dice no poder liberarse del dolor, sino no poder desear la liberación del mismo porque en él encuentra una dulzura que la hace gemir… ¿Una dulzura en el dolor? Una dulzura que, según el artículo mencionado, Rimbaud tilda de eternidad, de muerte…

¿Se señala una imposibilidad del deseo ante el enganche del goce que lleva a la muerte? ¿O ella desea ardientemente ese dolor y su dulzura irresistible y quiere permanecer en él por hallar ahí una satisfacción peculiar que se puede acercar a la eternidad? ¿No sería esa eternidad una promesa de eterno retorno, un lugar donde queda fijada?

Tiene sentido pensar el psicoanálisis como la práctica que permite poner palabra a lo innombrable, y mediante el acto del habla, posibilitar el distanciamiento del sujeto del enganche mortuorio…

¡Vuestros comentarios nos ayudarán a situar bien estas cuestiones!

 

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