Mujer, síntoma y cultura es un grupo de estudio de personas de ámbitos diferentes (sanidad, arte, psicología, educación) interesadas en investigar el papel de las mujeres en la cultura. El grupo está afincado en Granada, las coordinadoras (Carolina Laynez y Araceli Marín) son psicológas que trabajan desde la teoría psicoanalítica y están vinculadas al Centro de Estudios Freudianos de Granada.  El grupo fue creado en 2006, se reune cada dos semanas y se interesa por temas como las figuras mitológicas, la existencia de una literatura femenina, qué es lo femenino, la significación del sexo en la cultura. Estas cuestiones se van hablando a través de lecturas y escritos que planteamos individualmente y en colectivo. Este blog fue creado con la intención de servir de plataforma de comunicación colectiva. A continuación presento algunas reflexiones.

 

 Figuras míticas: Adan y Eva. Marta Madrid.

 

 Miguel Ángel. Adán y Eva, Capilla Sixtina, 1509- 1510 / Pipilotti Rist. Homo sapiens sapiens, 2005

Carolina señalaba la importancia de los mitos como explicación de fenómenos y acontecimientos desconocidos generadores de miedo y angustia. Sobre cómo surgió la humanidad, la Biblia nos relata una historia bien conocida. Nos interesan los papeles que se han asignado a la figura femenina y a la masculina en relación a la divina, al medio y a los símbolos del bien y del mal. Antes de hablar del mito como origen de la condena de la mujer en el catolicismo, habría que ver cómo se desarrolla la historia y cómo ha sido representada.

 En la introducción de la Biblia de Evaristo Martín Nieto, queda claro que la Biblia es “el libro” único por excelencia, con un doble origen humano y divino, “hecho por hombres con lenguaje humano pero también hecho por Dios para transmitir un mensaje de Salvación”. La pretensión de verdad absoluta de origen divino nos hace preguntarnos de qué hay que salvar la humanidad, ¿dónde se han situado el bien el mal, lo humano y lo divino en la tradición católica?

 Lo primero que hace dios es poner La Tierra a disposición del hombre para que domine sobre todas las cosas. Podríamos cuestionar los valores ecológicos de esta posición privilegiada que nos convierte en explotadores de recursos naturales con derecho de impunidad y que sólo se restringe a un árbol en el centro del jardín: el arbol de la ciencia del Bien y del Mal, cuyos frutos producen la muerte. ¿Por qué situaría Dios un árbol en el centro de un maravilloso jardín que destruiría su más brillante y última creación humana? La tentación no viene de Eva, viene del cielo, como bien apuntaba aquel anuncio de queso Philadelphia en el que aparecía un ángel mujer alado mordiendo una tostada mientras se escuchaba “divino”.

 En todo caso el primer hombre estaba solo y Dios decidió darle compañía creando una mujer de una de sus costillas mientras dormía. Del sueño del primer hombre y con intervención quirúrgica sofisticada (divina técnica!) se crea un segundo ser llamado “hembra” porque ha sido tomada del hombre, reconocida por él como: “hueso de mis huesos, carne de mi carne”. Lo de la autonomía de la hembra no está tan claro hasta que aparece su deseo particular de probar la fruta prohibida tras escuchar las palabras de “la serpiente”. La serpiente viene a decirle a Eva que comer esta fruta la hará partícipe de la sabiduría divina, conocedora del bien y del mal. Y ella la toma y la da a Adán para que comparta el placer de su descubrimiento.

 La fantasía de acercamiento del uno al otro podría estar enunciada por la diferencia sexual, esa vergüenza que después de haber comido el fruto prohibido (la carne) les hace cubrirse. Si cubrir es poner en evidencia, es evidente que hay una diferencia entre los cuerpos. Román Gubern habla del mito como el pecado de la carne. Que se haya situado a Eva como origen del mal, en mi opinión, no es más que una prolongación de intento cristiano de superación del cuerpo y del deseo carnal desde una posición masculina heterosexual. (Podriamos ver cuales son los puntos en común y las diferencias con Pandora y con Lilith)

 Me llama mucho la atención dos cuestiones que se repiten en el mito. Una es el polvocomo origen y fin de la humanidad. Ese hálito o soplo divino que aparece en el nacimiento de Venus de Boticceli y que llega hasta el lenguaje coloquial en forma de “echar un polvo”.

Otra es la serpiente, ser hablante instigadora del pecado primigenio condenada a arrastrarse sobre su vientre y a comer del polvo de la tierra todos los días de su vida. De nuevo, el polvo, como materia despreciable, en comparación al aliento divino o al aire, etéreo, invisible, inmaterial cuya superficie por encima de nuestras cabezas le otrorga un lugar mucho más digno según la lógica platónica. La serpiente y la mujer son condenadas a la enemistad: “pongo enemistad entre tí y la mujer”, y esta es una de las frases más enigmáticas. Con estas palabras Dios establece una separación de género. La valoración depende del significado simbólico de la serpiente: ¿sabiduría? ¿placer? ¿falo? ¿el mal? ¿poder?

Sobre la representación de Miguel Ángel, Román Gubern menciona la posición de Eva respecto a Adán. Al girar la cabeza ella se encontrará directamente con su sexo. En la pintura queda clara la fantasíaque representa el artista. Llama nuestra atención los rasgos étnicos a nuestra imagen y semejanza occidental. Como dice Román Gubern en La patología de la imagen: “la iconografía cristiana occidental ha construido un arquetipo etnocéntrico estilizado y sublimado del personaje”.

Una versión actual del paraíso corporal y sexual desde el punto de vista de una artista de referencia es como Homo Sapiens sapiens de la videoartista Pipilotti Rist, presentado en la 51 Bienal de Venecia en el 2005. Proyectó sobre el techo de una iglesia un vídeo donde cuerpos de mujeres desnudos disfrutaban libremente de la naturaleza retozando en el barro, descansando sensualmente sobre las plantas… El espectador se tumbaba disfrutando de una cúpula-pantalla participando del placer corporal de los cuerpos femeninos. Parece que hubo problemas en el acuerdo con la iglesia y se interrumpió el visionado del trabajo de Pipilotti Rist. Ella situaba el origen de la censura en la visión del catolicismo del cuerpo de la mujer como fuente de pecado.

 

 
Sobre lo femenino en un collage de Hannah Höch. Marta Madrid y Silvia Caballotti.

 

Hannah Hoch. Equilibrio, 1925

El entrenamiento físico en la barra de equilibrio, como sistema de aprendizaje y de socialización puede ser una metáfora para hablar de la determinación de los valores de género y la conformación de la identidad ¿femenina?. Una figura híbrida formada por la parte superior de cabeza de un hombre, con ojos desiguales, labios de mujer pero barbilla prominente y un eslabón de una cadena por pendiente, realiza un ejercicio de gran complejidad. La figura adulta viste ropa de hombre mientras se sitúa respecto a otra figura de sólo una pierna de mujer, rostro infantil de expresión alegre y boca de viejo descontento -que no sólo sujeta sino que la sujeta-. Esta segunda figura híbrida de una pierna cuenta con un brazo femenino enjoyado de gran tamaño que compensa la falta de extremidad inferior, y que se apoya o sostiene un trozo de cadena. Apoyarse en algo que necesita ser sujetado para mantener su forma es una de las contradicciones presentes en el collage. La cadena termina en un objeto que bien pudiera sintetizar la forma fálica y la apertura o grieta símbolo vaginal; un juego de ambigüedad sexual, hibridación e ironía. 

 

Después de trabajar con Silvia posibles lecturas de esta imagen, hay que añadir observaciones muy interesantes. En el texto de la feminidad de Freud se lee sobre la decepción de la niña al truncárse la ilusión de que le crezca un pene y la queja-reproche a la madre: “no me diste lo suficiente”. Podríamos situar la decepción en la boca descontenta de viejo que tienen la niña en contraste con la expresión alegre de sus ojos. La desigualdad del tamaño de los brazos de la niña no nos parecen casuales. Se agiganta el brazo izquierdo enjoyado con una pulsera de perlas que tiene un objeto colgante que hace de contrapeso a la inclinación del cuerpo adulto ¿la madre? Las joyas también han sido entendidas por Freud como una reacción femenina ante la castración, el adorno viene a disimular la falta y decir “yo tengo otra cosa” (¿poder de seducción?). En el collage, los eslabones de la cadena sirven de pendiente a la madre a la vez que hacen de cordón de la forma simbólica sexuada. Lo que nos puede ayudar a situar “las cadenas familiares” o relaciones familiares como posibles adornos fálicos (el hijo para la madre). Y esa cadena que hace de cordón (humbilical) une la sexuación de la hija a su progenitora y a su identidad de “mujer”. La pierna de mujer adulta que relaciona a la figura adulta inclinada tiene una gran importancia en otros collages de Hannah Hoch. Las piernas parecen ser un elemento repetitivo junto con los zapatos, símbolo-fetiche de feminidad. Así en la hija se articula una mirada-actitud alegre, un saber ancestral amargo, la belleza, atributos decorativos y seductores y un elemento extraño a sostener mientras que somos sujetados por él, y que podríamos llamar “el sexo”, que no puede comprenderse si no es en relación a los elementos restantes.


Vimos que la madre tiene un ojo animal y un ojo humano. Tampoco nos pareció casual este detalle después de ver otros collages como
Madre, en el que un ojo “salvaje” dirige su mirada fuera del collage en contraste con su otro ojo dócil, relajado. Esta mirada nos resultaba muy incómoda pero el poder de fijación que tenía sobre nosotras fue situado en relación al a la crueldad que le asigna el hijo a la madre cuando ella mira a otro lado y parece decir “hay otras cosas además de tí, hijo”. Este ojo que nos marcaba la existencia del otro, le llamamos “ojo loco” nos dio rienda a situar la incomodidad de la relación madre-hija en cuanto a una primera dependencia y una posterior necesidad de separación, o interdependencia. Como opinión personal incluyo la importancia de este término de “interdependencia” y que se aleja de la “independencia” tan ansiada en la actualidad, donde parece que cada individuo ha de demostrar que es capaz de hacerlo todo por sí mismo sin necesidad de nadie, lo que nos lleva a un aislamiento absurdo. La interdependencia señala la necesidad de ubicarse respecto a otros, probablemente en ejercicios de equilibrio complejos similares a los que nos muestra Hannah Hoch.