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Aviso:

La palabra obispa no está en el diccionario.

Uniéndome al libre albedrío que proponía nuestra ministra de igualdad en cuanto a la utilización del masculino y el femenino, nos alegramos de que pueda haber “obispas” en Inglaterra. En cuanto una institución acepta la participación de mujeres en un campo excluido para ellas, se incluye la palabra en femenino sin problema en los medios de comunicación, (“los anglicanos evitan un cisma por las obispas“, El País). Otra cosa es que la ministra de igualdad diga “miembras” por la cara… Observamos que el lenguaje sólo cambia auspiciado por las decisiones institucionales…Triste.

Claro que la resistencia de los obisporros ante las obispas es patente y muchos amenazan con emigrar de las colmenas que tan privilegiadamente les mantenía en exclusividad… Pues que se vayan! Lo difícil será que realmente alguna mujer sea ordenada obispa por los obisporros poderosos… Y en cuanto al problema de las relaciones con el vaticano… Es hora de que la iglesia cristiana apostólica romana despierte al mundo actual.

“El cajetín de la lengua. Arquitectas, ingenieras, ministras, obispas, toreras…” Soledad Andrés Castellanos, Universidad Complutense de Madrid.

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La imagen es una fotografía de una acción realizada por la artista Tracey Emin (Gran Bretaña, 1963) “I’ve got it all”(Lo tengo todo, 2000). La acción de Emin nos sitúa ante el primer uso de goce que recoge la RAE: “goce de sus riquezas”. El modo en que la artista acerca billetes y monedas con las piernas abiertas hacia su sexo, puede leerse como un juego entre la figura de la artista y la figura de la prostituta. También puede sugerirnos la posición fálica que da título a la acción “Lo tengo todo”, donde el dinero viene a sustituir la falta… La acción de Tracey Emin bien pudiera querer parodiar las tres lecturas anteriores, la de puta asociada a una mujer artista que gana dinero con su trabajo, y la psicoanalítica.
¿Qué dice la RAE sobre “goce”?
Ya sabemos que “goce” puede entenderse de formas diferentes, y que el psicoanálisis tiene la suya propia, pero merece nuestra atención pensar “goce” desde su concepción general:
gozar
1. tr. Tener y poseer algo útil y agradable. Gozar de sus riquezas.
2. tr. Tener gusto, complacencia y alegría de algo. U. t. c. prnl.
3. tr. Conocer carnalmente a una mujer.
4. intr. Sentir placer, experimentar suaves y gratas emociones U. t. c. prnl. Gozarse en la suerte de los demás.
5. intr. Tener alguna buena condición física o moral. Gozar de buena salud, vitalidad, estimación, fama.
~la.
1. loc. verb. Pasarlo bien, disfrutar con alguien o algo.
Sorprenden algunas cosas:
La primera acepción asocia gozar con poseer. El atributo del objeto a poseer es “útil” y “agradable“, haciendo entre útil y agradable una relación que denota toda una posición ideológica si le sumanos que el primer objetivo de goce que nos señala la Academia es la riqueza. Ahí estamos tod@s definid@s por nuestro lenguaje, claro que “riqueza” puede entenderse como “atributo excepcional”, y entonces se abren otras interpretaciones.
He señalado en rojo la tercera acepción, gozar es “conocer carnalmente a una mujer”. Podemos preguntarnos sobre la supuesta heterosexualidad masculina desde la que se define el goce, y si para una mujer heterosexual también es goce conocer carnalmente a una mujer. ¿Se han olvidado de escribir “o a un hombre” y se han olvidado de tener en cuenta el caso de las mujeres? ¿la definición la escribió una mujer desde su experienca con otra mujer (eso sería genial)? Teniendo en cuenta que las únicas mujeres académicas son Ana María Matute (1998) y Margarita Salas (2003), va a ser que no.
Más allá desde dónde se posicione la definición de goce, nos interesa hacia dónde se dirige: al conocimiento carnal de una mujer. Aquí me siento sin estrategias para seguir pensando, me quedo embobada, intentando ir más allá de una lectura exclusivamente feminista.

Pero no queda otra. Será que el deseo ha venido señalado unidireccionalmente de ellos hacia ellas y el cuerpo de las mujeres es el objeto a poseer, del mismo modo que es gozoso poseer algo útil y agradable…

¡Gracias, Norma, por tu contribución con este artículo sobre el sexismo lingüistico, de Álvaro García Meseguer!

Escojo un fragmento sobre la diferencia de género y sexo para presentároslo:

“Si se pregunta a cualquier hablante de español si es posible que la siguiente frase aparezca en una conversación de forma correcta o si, por el contrario, es una frase siempre incorrecta:

Todas eran varones.

La respuesta será, con gran probabilidad, que es una frase incorrecta. De ser así, estará revelando que confunde el género con el sexo y que su mentalidad sexista le impide imaginar contextos en los que la frase encaje. Obsérvese:

La epidemia ocasionó nueve víctimas. Todas eran varones.

Una vez más, la importancia del contexto y el olvido de posibles contextos. Estamos tan acostumbrados a que los pronombres de género femenino tengan como referente a una mujer que no caemos en la cuenta, ni siquiera con una reflexión previa, de que en español la concordancia se establece por género y no por sexo”.

(Aunque sea muy académico, está muy bien, creo que es asequible para “la totalidad”, je, je!)